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Le soldat oublié (El soldado olvidado), Guy Sajer

Buenos días a todos,
Retomamos las entradas al blog con la reseña de un libro que me ha parecido francamente interesante. Se trata de «Le soldat oublié» (El soldado olvidado) de Guy Sajer. Hace tiempo que un seguidor de la página de Facebook lo recomendó, y ya por fin he podido leerlo.
El libro narra en primera persona la historia de un soldado de origen francés, el propio Guy Sajer, enrolado en la Werhmacht, y su aventura bélica en el frente del Este entre los años 1942 y 1945. El libro es crudo, muy crudo. Desde un punto de vista bélico, el frente del Este fue una carnicería. Batallas sobrecogedoras, muerte por todos lados. Soldados destrozados física y emocionalmente.

Además del drama que vivió el propio autor del libro, me gustaría añadir una reflexión sobre «lo que nos quieren vender». Me explico. Cuanto más leo sobre la guerra en el frente del Este, más impresionado me quedo por lo que allí se tuvo que vivir. Soldados, de uno y otro bando, luchando en una guerra sin cuartel ni piedad. Temiendo ser capturados por el enemigo ya que muchas veces eso suponía ejecución inmediata. La convención de Ginebra en cuanto a trato de prisioneros se refiere era allí papel mojado. Las atrocidades se cometían sin cesar. Y sin embargo, se luchó, mucho, con valentía. Millones de muertos, heridos y desaparecidos. Un auténtico drama. Y a raíz de esta descripción, viene la reflexión.

En el frente del Oeste, más allá de la blitzkrieg aplicada en Francia en mayo de 1940 y de la batalla de Inglaterra y del Atlántico, no se combatió en tierra hasta el 9 de julio de 1943 cuando los Aliados invadieron Sicilia hasta el 8 de mayo de 1945, fecha oficial de la capitulación alemana. En total menos de dos años de combates y en condiciones no tan duras como en el frente del Este. Es verdad que hubo batallas muy sangrientas y complicadas como Monte Cassino en Italia, el desembarco de Normandía en Francia o la batalla de las Ardenas en Bélgica, pero no implicaron tantos efectivos ni supusieron tantas bajas, tanto en un bando o en otro como las batallas libras en Rusia, Ucrania…
¿Con esto que quiero decir? Tan sólo os invito a que exploréis y leáis más sobre el frente del Este y que comparéis con los otros escenarios bélicos para haceros una idea de la magnitud de la barbarie que allí se vivió. ¡Y que Hollywood nos engañe!
Un saludo,
Javier

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Stalingrado, Antony Beevor

Hoy empieza esta andadura digital. Durante las próximas (espero que muchas) entradas, os iré contando mi opinión sobre los libros, y quizás más adelante, películas y series, de temática histórica-bélica que haya leído o vaya leyendo a lo largo de mi vida.

Me gustaría empezar con un libro, y un escritor que me tienen absolutamente fascinados. No es otro que «Stalingrado» de Antony Beevor (ver entrada sobre Antony Beevor en la wikipedia).

Con absoluta maestría, Beevor, antiguo oficial del ejército británico, narra la batalla de una forma realista, detallada y pasional, que hace que se te pongan los pelos como escarpias. Descripciones realistas de situaciones de batalla, el lado humano de los soldados, el armamento y las tácticas utilizados por los ejércitos… La lectura de este libro me tuvo enganchado desde la primera página, y lo devoré en cuestión de días. Ansiaba el momento de volver a casa para poder avanzar.

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Yo fuí amigo de Hitler, Heinrich Hoffmann

Año nuevo, y primera lectura del año. Después de bastante tiempo sin publicar, volvemos a las andadas. Espero este año poder ser más constante en cuanto a lectura y a la publicación de entradas.
He vuelto con ganas, y he vuelto a mi tema favorito: el entorno de la Segunda Guerra Mundial.Y esta vez es un entorno digamos que íntimo y familiar. No es tanto relacionado con la política, batallas, generales, sino más bien con la amistad. O por lo menos a mí así me lo ha parecido. Es verdad, que cuando fue escrito el libro, justo después de la guerra, había que tomar distancias con el nacionalsocialismo, pero en honor a la verdad, he de decir que en la obra de hoy, «Yo fui amigo de Hitler», de su fotógrafo personal e íntimo amigo, Heinrich Hoffmann, el autor no emite ni una sóla crítica hacía el Führer. Por lo que deduzco que realmente fue su amigo, y que, tal y como cuenta Hoffmann, Hitler encontraba en su hogar un entorno tranquilo y se sentía a gusto.